El nombre en latín de una planta tiene dos partes: el género (el apellido) y la especie (el nombre).
No hace falta aprenderse miles de nombres: entendiendo cómo se construyen y unas cuantas raíces latinas, el nombre científico te cuenta el color, la forma o el origen de la planta de un vistazo.

Por qué latín y no el nombre común
El nombre común de una planta cambia de un pueblo a otro, y una misma flor puede tener diez nombres distintos según la región. El nombre en latín, en cambio, es único en todo el mundo: un botánico de Japón y otro de España saben exactamente de qué planta hablan. Por eso la ciencia usa el latín, una lengua que ya no cambia. No es para complicar, es para entenderse.
Género y especie
El sistema, ideado por Linneo, da a cada planta un nombre de dos palabras. La primera es el género (una especie de apellido que agrupa plantas emparentadas) y se escribe con mayúscula. La segunda es la especie (el nombre concreto) y va en minúscula. Ambas en cursiva. Por ejemplo, en Rosa gallica, «Rosa» es el género y «gallica» la especie. Todas las rosas comparten el género Rosa; lo que cambia es la segunda palabra.
Lo que te dicen los sufijos
Aquí está lo práctico: la segunda palabra suele describir la planta, y con reconocer unas cuantas raíces entiendes muchísimo sin saber latín.
| Terminación o raíz | Qué significa | Ejemplo de lo que indica |
|---|---|---|
| -alba / -nigra | blanca / negra | color de la flor |
| -rubra / -lutea | roja / amarilla | color de la flor |
| -officinalis | de uso medicinal o culinario | planta útil |
| -repens | rastrera | forma de crecer |
| -sylvestris | silvestre, del bosque | origen |
| -japonica / -chinensis | de Japón / de China | procedencia |
Así, cuando veas Salvia officinalis ya sabes que es la salvia «de uso» (medicinal y culinaria), y en officinalis está la pista. Con un puñado de estas raíces, los nombres dejan de parecer un galimatías.
Gracias, me ha resultado muy interesante, lo que me parece más difícil es siquiera memorizar un poquito.