Cinco cosas mantienen sanas casi todas las plantas: riego correcto, luz adecuada, abono, poda y vigilar las plagas.
No hay que ser experto: con entender cuánta agua y luz pide cada planta y estar atento a las señales, la mayoría prospera. La causa número uno de plantas muertas no es el descuido, es el exceso de riego.

El riego, con cabeza
El riego es donde más se falla, y casi siempre por exceso, no por defecto. El agua estancada pudre las raíces y mata más plantas que la sequía. La regla que casi nunca falla: comprueba la tierra con el dedo y riega solo cuando los primeros centímetros estén secos. Cada planta pide lo suyo (una suculenta casi nada, un helecho mucho), pero el drenaje siempre es innegociable.
Luz y ubicación
Cada planta tiene sus necesidades de luz, y ponerla en el sitio equivocado la debilita por bien que la riegues. Las de sol quieren luz directa varias horas; las de sombra se queman al sol directo y prefieren luz filtrada. Antes de colocar una planta, entérate de qué pide y búscale el rincón adecuado. Es más importante que cualquier otro cuidado.
Abono y nutrientes
En maceta, la planta solo tiene los nutrientes de su poca tierra, y se agotan; en el jardín duran más. Un abono en temporada de crecimiento (primavera-verano) mantiene la planta fuerte y floreciente. No abones de más: el exceso, sobre todo de nitrógeno, da mucha hoja y poca flor, y puede quemar las raíces.
Poda y limpieza
Retirar hojas y flores secas no es solo estética: evita que la planta gaste energía en partes muertas y previene enfermedades. Una poda a tiempo estimula el crecimiento y mantiene la planta compacta y sana. En las de flor, quitar las flores marchitas suele alargar la floración.
Vigilar las plagas
Cuanto antes detectes un pulgón o una cochinilla, más fácil es atajarlo. Revisa el envés de las hojas de vez en cuando. Muchas plagas se controlan pronto con remedios suaves (jabón potásico, por ejemplo) sin llegar a los químicos fuertes. Una planta sana y bien cuidada, además, resiste mucho mejor los ataques.